Bajó peldaño por peldaño procurando no tropezar. Observó su alrededor. Nada como el olor a canela y té haciendo el amor, hechos uno. El pequeño goteo contra el vidrio de la salita de estar marcaba el inconciente compás que guiaban sus pasos hacia la alacena; el compás de esos zapatos tan roñosos y nuevos a la vez, que le hacían sentir única.
Bueno, Valentina siempre fue así, sui generis de su especie, según le cuenta a su gato cuando se tiende sobre el piso de la cocina, con algún tema de The Carpenters sonando a lo bajo en su reproductor. El visillo entre abierto. El lápiz rojo de los labios ya desteñido de tanto comer chocolates. El mismo olor de canela y té. El mismo pequeño goteo que retumba en la soledad de su casa.Cuando era pequeña, de cinco o seis años, vio como su padre tomaba dos maletas y salía de la casa sin mirar atrás ni una sola vez. Su madre a un lado, con la sonrisa más falsa que Valentina figuró alguna vez en su cabeza, le tomó la mano y cerró la puerta rápidamente.“Tranquila mi Chiquitita”, le dijo. “Las despedidas son mucho más fáciles que las partidas, porque al menos, uno sabe lo que deja”.Años después entendió que significaba esa mutilada y enfrascada frase. El sabía lo que dejaba. Por eso nunca volvió.El goteo sigue retumbando. Valentina sigue con su gato tendida en el suelo, bajo el mesón, bajo el ático, bajo el techo de su casa, bajo la capa de ozono, bajo el cielo.Reconoce jamás haberse enamorado. A sus cortos quince años es demasiado intrigante y poco social para encajar en ese mundo alcohólico y sexual que sus compañeros de curso profanan cada fin de semana. Una inadaptada. Una pobre flacuchenta y pálida adolescente, que ni su primer beso ha dado. Bueno, por lo menos el que cuenta. Todavía siente asco de los labios de Julián, esos que babosamente se arrastraron desde el cuello a su boca.Maldito vodka. Maldita soledad.El goteo deja de escucharse. El olor a canela y té se desvanece. El gato arranca. Valentina sigue en la fría baldosa, bajo el mesón, bajo el ático, bajo el techo de su casa, bajo la capa de ozono, bajo el cielo, bajo el putrefacto olor a gas.Valentina no tiene ganas de pararse de ahí.
