La situación es terrible penca. Me siento penca.
Pero no olvidar: "Antes bien como está escrito: cosa que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios tiene preparado para los que le aman" 1 Corintios 2:9
Sincérité
martes, 20 de mayo de 2014
martes, 24 de diciembre de 2013
Sin título
A medida que camino y me caigo, más cosas entiendo.Los rasmillones son parte de la vida. También los pies marchitos, azulosos, perdidos en el calor subterráneo que emana del subsuelo, al suelo, al sub sub cielo.Me siento en la vereda, enciendo un cigarrito, los aspiro como al olor de los alelíes que crecen en la casa vecina y espero. Miro mi celular, observo las fotos guardadas desde hace siglos, espero. Miro mi reloj, bostezo, espero. Pongo mis labios sobre la colilla del cigarrito, lo apretó entre el superior y el inferior, es lo único que he besado desde hace meses, y pienso que todo podría haber sido distinto mientras sigo esperando. Espero. Es-pero. Pero ¿qué? Me pregunto si queda algo por lo cual seguir reconstruyendo el corazón, el alma, y todo lo que emana de él.¿Y si en realidad lo entregué todo y ya no me queda nada más por dar?Me quemo la punta de los dedos. Tiro las cenizas hacia la calle. Un auto pasa a toda velocidad, me roza el cuerpo y no lo siento.
domingo, 3 de noviembre de 2013
Nota Personal
Necesito leer lo que yo quiero, mis libros.
Necesito ver mis series.
Necesito escribir mis pensamientos.
Necesito abrir los ojos y mirar el infinito de mi techo blanco.
Necesito ducharme en la mañana y quedarme bajo el chorro de agua, sin preocupaciones de tiempo.
Necesito trabajar en algo entrete, chori, y un poco más movido que en la biblioteca.
Necesito juntar plata e irme a España.
Necesito témperas, papeles de colores, dibujar porque sí.
Necesito re ordenar mi closet, separar las prendas.
Necesito re ordenar mi mente; aclarar mis ideas ruidosas.
Necesito tiempo: para caminar con la fresca, para aceptar que hay personas que ya no están ni estarán a mi lado, para pensar que quizá hacer ejercicio es bueno, para respirar tranquilamente.
Necesito a Dios junto conmigo.
Necesito ver mis series.
Necesito escribir mis pensamientos.
Necesito abrir los ojos y mirar el infinito de mi techo blanco.
Necesito ducharme en la mañana y quedarme bajo el chorro de agua, sin preocupaciones de tiempo.
Necesito trabajar en algo entrete, chori, y un poco más movido que en la biblioteca.
Necesito juntar plata e irme a España.
Necesito témperas, papeles de colores, dibujar porque sí.
Necesito re ordenar mi closet, separar las prendas.
Necesito re ordenar mi mente; aclarar mis ideas ruidosas.
Necesito tiempo: para caminar con la fresca, para aceptar que hay personas que ya no están ni estarán a mi lado, para pensar que quizá hacer ejercicio es bueno, para respirar tranquilamente.
Necesito a Dios junto conmigo.
martes, 2 de julio de 2013
El Dialelo
Comer pasas nunca es bueno.
Nunca es bueno tener memoria.
Tener memoria es bodrio como el pasado.
El pasado siempre vuelve al presente.
El presente siempre se encarga de recordar.
Recordar es implacable, es impertinente.
Es impertinente como el ladrido de un perro a mitad de la noche.
A mitad de la noche me tapo hasta la cabeza para no tener miedo.
Para no tener miedo susurro la palabra Jesús entre mi boca.
Entre mi boca guardo besos inadecuados.
Besos inadecuados son los que te doy cuando nos ponemos tras la puerta.
Tras la puerta nos tocamos desenfrenadamente.
Desenfrenadamente es cómo te Amo.
Cómo te Amo, es que intento hacerme una con el olvido.
Con el olvido guardo los pensamientos en una maleta.
En una maleta me desarmo para desaparecer.
Para desaparecer cierro los ojos y así creo que no existo.
Creo que no existo cuando lo olvido.
Cuando lo olvido es porque olvidé comer pasas.
Comer pasas nunca es bueno.
Nunca es bueno tener memoria...
Nunca es bueno tener memoria.
Tener memoria es bodrio como el pasado.
El pasado siempre vuelve al presente.
El presente siempre se encarga de recordar.
Recordar es implacable, es impertinente.
Es impertinente como el ladrido de un perro a mitad de la noche.
A mitad de la noche me tapo hasta la cabeza para no tener miedo.
Para no tener miedo susurro la palabra Jesús entre mi boca.
Entre mi boca guardo besos inadecuados.
Besos inadecuados son los que te doy cuando nos ponemos tras la puerta.
Tras la puerta nos tocamos desenfrenadamente.
Desenfrenadamente es cómo te Amo.
Cómo te Amo, es que intento hacerme una con el olvido.
Con el olvido guardo los pensamientos en una maleta.
En una maleta me desarmo para desaparecer.
Para desaparecer cierro los ojos y así creo que no existo.
Creo que no existo cuando lo olvido.
Cuando lo olvido es porque olvidé comer pasas.
Comer pasas nunca es bueno.
Nunca es bueno tener memoria...
lunes, 17 de junio de 2013
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Usos posibles para una boleta de metro.
1) Marcador de libro: por excelencia, es el marcador de página más fiel que podemos encontrar. El estado te lo cede, "gratis", luego de cargar un monto en particular a tu pase escolar.
2) Libreta telefónica: ¿quiere guardar un número que no le ocupe memoria en teléfono porque no le interesa? La boleta le será útil y fácil, especialmente cuando quiera perderla en un abrir y cerrar de ojos. Usted nada más la da vuelta por el lado en blanco, y anota lo que se le dicte.
3) Agenda: cuando uno es muy desorganizado, éstas sacan de apuro. Después de obtenerla, no la bote. Se dará cuenta que puede utilizarla como recordatorio, o en su defecto, para dejarle una nota a alguien. En este uso, es pareja ideal del masking tape, cinta adhesiva, scotch o escosh.
Si no es suficiente, recuerda que Si tu próxima carga es superior o igual a $3.000 podrás acceder a los beneficios que CLUB METRO tiene para ti.
sábado, 4 de mayo de 2013
Drenaje
Me sirvo el café, y en medio de una conversación conmigo misma, me pregunto por qué y cómo he llegado hasta acá. Me cuesta tanto creerme el cuento. Me cuesta infinidades de lecturas aceptar que el abecedario completo ha pasado una y otra vez delante mi pupila, y el iris, y se ha quedado enredado entre mis pestañas cuando estoy cansada, y las ojeras cumplen la función de almohada para arroparlas. El proceso se convierte en un hábito esplendoroso, uno que se repite tantas veces que parecen déjà vu. Un "tú y yo nos hemos leído con anterioridad".Como pocas veces a lo largo de mi vida, siento el corazón lleno y expectante; el estómago dispuesto a digerir cualquier cosa, a esperar lo mejor de quienes me pueden entregar lo peor. Mi necesaria porción de arte se va colmando paso a paso, piano a piano. Me sigo enamorando de quien ha sido mi eterno compañero, el que no me suelta la mano.Me restriego los ojos. Tierra llamando a Daniela. El café está frío, como siempre.
¿por qué salir o disfrutar con tu compañero sí puedes hacer un trabajo de Literatura Española I?
No hay dónde perderse.
jueves, 2 de mayo de 2013
Encuentros cercanos del primer tipo
Por Daniela Rodríguez
El
primer acercamiento al cine en la vida de los individuos, es un hito. Es un
recuerdo, algo así como una mancha borrosa de colores que visita la memoria de
vez en vez. La primera experiencia podría resultar fascinante o fatal, e
incluso podría definir los gustos y las contemplaciones favoritas a largo
plazo.
La
“primera vez”, no necesariamente se acerca a la primera película. Existe una
millonadas de personas que pisan el planeta tierra que han visto galaxias de
películas, a lo largo de sus temáticas y modo, uno, dos, o tres de. Pero
siempre llega un momento, uno preciso, uno vulnerable, uno incierto, uno
plasmado de subjetividad, que lleva al reencuentro con un antiguo o futuro yo.
Ese preciso momento, el del ensanchamiento de la pupila, la lágrima que corre
hacia el infinito del labio, el corazón a mil por segundo después de una
escena, ese, justo ese momento es a lo que llamaría experiencia.
Para
no recurrir directamente a un yo, e intentar explicar la diferencia que
propongo de manera poco original, hablaré de Luisa. La primera película que
recuerda haber visto a conciencia fue La
Cenicienta, la típica versión de Disney en VHS, con el “holograma de Mickey
en el lomo”. Con cinco o seis años de edad, le impresionaba la maldad de las
hermanastras, carácter aprendido de una madrastra perversa y ahorcable. Aún
así, no provocó mucho más en sus entrañas, y muchas películas que le siguieron,
continuaron en la misma sintonía: un pasatiempo, una entretención momentánea,
etc.
Diferente
fue su primera experiencia. Tenía alrededor de once años, y su papá había
arrendado en el BlockBuster de cerca de su casa, una película con carátula de
aspecto antiguo de título La vida es
bella. Paradójicamente, con ella aprendió que no lo era tanto, pero que en
final de cuentas, después de muchas sumas, restas, divisiones y raíces
cuadradas, dependía de cada uno que lo fuese. Con esa película lloró hasta el
último suspiro, angustiada por el esfuerzo de ese papá que tanto amó, y de la
manera en que a su vida le pusieron fin, sin mencionar el contexto que poco
entendía con respecto al holocausto Nazi, cámaras de gas, mucha gente hacinada,
y un sinfín de cosas que se contraponían con la lucha de Guido por conquistar a
su principessa, de la cual se enamoró
sin titubear ni una, ni una sola
vez.
En
resumidas cuentas, es bueno considerar la diferencia entre algo que viste, y
algo que observaste. Creo que muy es difícil (aunque no imposible) tener una real
y única experiencia con la primera película que se ve. El simpatizar, el sentir
junto con una película, es algo que se da con cierto registro de emociones
culmines, que terminan en el entendimiento, ya sea objetivo o personal, de
ciertos códigos. He ahí, cuando nace la veteranía del cine.
Escrito para Taller de Ensayo. Literatura Creativa, 2013.
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