miércoles, 28 de diciembre de 2011

Ideal


"Yo les digo a ustedes compañeros, compañeros de tantos años, se los digo con calma, con absoluta tranquilidad, yo no tengo pasta de apóstol ni tengo pasta de mesías. No tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea, la tarea que el pueblo me ha dado. Pero que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer a la voluntad mayoritaria de Chile; sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás. Y que lo sepan; dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera. Les digo que vayan a sus casas con la alegría sana de de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y hacer cada vez más justa la vida en nuestra patria".
-Salvador Allende.

martes, 27 de diciembre de 2011

Corre

¿Qué estás haciendo ahí? ¿Por qué insistes?
Nada pude responder. Encendí mi cigarrillo, y quise atorarme, atragantarme con el humo para salir a volar un ratito. Entender que muchas veces las preguntas no tienen respuestas, y que no importa cuanto quiera borrar pedazos de vida... Simplemente, no soy quien para hacerlo.
¿Y me llamaste masoquista a mí?
Lo siento. Es solo que a veces, pretendo olvidar nuestro igual: amarlo como nunca nadie lo hará.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Pascuala (Ciudad bajo la tierra)

Pascuala solía cantar mientras dibujaba su ciudad de ensueño. Imaginaba todo lo incluso no necesario para ella, e intentaba adornar con colores, lo que la vida alguna vez oscureció; pintar sonrisas, dónde la desdicha dejó su marca, y poner abrazos, dónde el dolor desgarró sin piedad... Pascuala solía observar su alrededor de una perspectiva diferente. Quizás de una irreal, pero, maravillosa forma.
Una de esas tardes anaranjadas, en dónde admiraba sentada desde su baúl los últimos rayos de sol esconderse para darle cabida a la danza de las estrellas, observó cómo a lo lejos, un ser parecido a ella caminaba arrastrando los pies, con una nube llena de rayos y centallas sobre su cabeza, y con ciertos improperios transformados en garabatos mal dibujados. 
Ladeó su cabeza, con sus ojos negros, fijos. ¿Habría tenido un mal día aquel sujeto? ¿Y por qué no sonreía? ¿Por qué rechazaba las caricias del viento en su piel de trapo...? Algo tenía que hacer. Algo tenía que decirle. Y algo tenía que funcionar.
Bajó rápidamente desde su ventana, y afirmándose la cabeza (Porque, nunca sabes cuando una muñeca, tan roñosa y desgastada cómo ella, se puede romper y estallar en algodón), apresuró sus pies en dirección del ser.
-¡Ey tú! -Pascuala alzó su dedo, mientras que éste se volteaba desganado.
-¿Si? -Preguntó en respuesta, y con una 'sonrisa' mal dibujada.
(Los muñecos están obligados a sonreír. Siempre)
-¿Por qué arrastras los pies? ¿Es que acaso no eres feliz?
Aquel rostro de paño quedó inmutable, y repentinamente la distancia que mantenían, no fue importante. 
-¿Acaso alguien lo es? -El reproche involuntario salía en forma de tragedia.
-Yo lo soy -Aseguró Pascuala segurísima de sus palabras.
-Yo creo que se te zafó un tornillo -Escupió.
Apenas hizo ademán de irse, la muñeca analizó las palabras de aquel pobre ser, y mostró sus dientes de forma inocente, acercándose más a él.
-Soy una muñeca, como tú. ¡No tengo tornillos! -Rió.
La cara de anodadado no se la quitó nadie al escuchar respuesta tan absurda. Tan ridícula... ¿Tan irónica? Tan creíblemente cierta. 
Negó con la cabeza un par de veces, acomodando la nube sobre su cabeza, y comenzó a caminar, dejando a Pascuala tras él. Ella definitivamente tenía que ser una mala broma de la realidad. Las sonrisas se habían extinguido; las miradas sinceras no existían, no en ese lugar...
-¿Podría ayudarte? -Escuchó a sus espaldas.
El corazón (O lo que sea que tenga, que le da vida) se le detuvo. La preocupación era una ley prohibida, sacada de toda constitución. Y entonces, ¿Por qué diantres ella mostraba interés? Además de loca, ¡Iba contra las reglas! Era un peligro para la sociedad. Sí, definitivamente lo era, y si un inspector la sorprendía siendo amable, la encerraría, encadenaría, desterraría, condenaría a muerte. Lamentablemente (O quizás no), así marchaban las cosas en la Ciudad Bajo la Tierra.
-¿Podrías? -Se volteó cuidadoso-. ¿Realmente podrías?
Pascuala asintió. -Podría, y encantada.
-Si me disculpas... -Se acercó un poquito más, con cautela y con el ceño tan fruncido y arrugado cómo una pasa-. Tú te ves más rota que yo.
-Lo sé -Dijo ladeando su cabeza-. Pero eso no me impide ayudarte. Responde. ¿Quieres o no?
-Yo... Preferiría que no -Agachó la frente-. Te veo en la infelicidad.
Al escuchar la sentencia, Pascuala abrió sus inmensos ojos y observó cómo el ser comenzaba a desplazarse calle a bajo, con su aún más grande nube de problemas. ¿Por qué habría rechazado su ayuda? Ella realmente quería hacer algo, e intentar sacar de su cabeza toda la ensalada de dudosos pensamientos suicidas... 
Quizás llevarlo a su ciudad de ensueño. A que conociera lo que podría haber sido. Aunque te digan lo contrario las estúpidas negligencias de la vida que te golpean a diario, y los muñecos de trapo rotos, descocidos, y con afanes de destruir la existencia ajena, porque... Sí se puede ser realmente feliz; Sí se puede amar, sí se puede sentir, y de verdad.
Sí, quizás soñaba de una forma irreal... Pero era maravilloso. Y eso hacía a Pascuala, una creación diferente.

Cuento creado por mí misma, un dieciséis de octubre del dos mil diez. Cuando comencé a creer que puedo cambiar el mundo.

Cuóta del mes

  
   El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.
  El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto de gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.
 -Eduardo Galeano, "El libro de los abrazos"

martes, 20 de diciembre de 2011

Cliché


...Y por eso, existían ocaciones en que el sumergirse dentro de los sentimientos le era tan asfixiante: sabía que las cosas, las había hecho mal. Muy mal.

lunes, 19 de diciembre de 2011

A media voz

Isabel ahorraba ideas para pagar el dividendo
del sucucho indeseable al que llamaba cabeza,
ese que la intoxicaba noche tras día, sin saber si dormir o dar vueltas.

Le cargaba recordar cuan poco sincera era,
que importaba poco si fuese una careta,
pues incluso sin conocerla, junto a su pie tenía amarrada la mentira a cuestas.

Conocía que los intentos de parecer fuerte eran tímidos,
en vano, llenos de prejuicios,
y sin olvidar el detalle, de sus sentimientos ya desteñidos, besos mal repartidos.

Disfrutaba leyendo a García Márquez, Neruda, Borges, Llosa,
curarse de la realidad con Benedetti, volar con Cortázar, reír con Rulfo, soñar con Sábato,
llorar con Gabriela, y querer morir como Alejandra,
perdiéndose entre fármacos y hacer su salida final con su interminable cátedra.

Isabel asumía que inteligencia le sobraba,
pero que el como ocuparla era el problema:
si supiera que de la misma manera, envenenó su alma, y le dio su amor a cualquiera, terminando de envolverse con pretextos, y anunciando su triste y apesumbrada condena.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Elucidación


Siempre fue difícil mantenerme en pie frente a ti, con toda esa sonrisa tan tuya que murmuraba besos dulces y empalagosas caricias interminables por la noche. Me aterraba tener que hablarte. Me aterraba sentirme tan tuya incluso antes de que abrieras tu corazón, me enseñaras lo recóndito de tus emociones y pensamientos absurdos que gravitaban con inimaginable determinación. ¿Pero qué otra cosa podía hacer yo con semejante luz de noche? Desde que uso la interminable y asquerosa razón, pretendí no negar jamás la evidencia; tus ojos eran fiel reflejo de lo cansado que estabas de tanto rondar sin seguridad. Cruzar el puente de un extremo a otro, con el pasado a tientas por tus pies, queriendo agarrarte, recordarte cuan infecto y vicioso fue haber vivido con la subsistencia en las manos, sin seguridad alguna.

No sé si estará demás recordarte que yo no figuro ser ese pasado. No figuro ni tampoco pretendo ahorcarte con mis actos, pretensiones e inseguridades malgastadas. Solo intento sonreírte, repetirte cuantas veces sea necesario que tuya soy, desde el fondo, hasta incluso más allá de mí.  Porque jamás me preguntaste con vocablos y habla, más con una sola de tu profunda y tierna mirada, fue suficiente y bastó para rasgar el traje de idealista, y entregarte mis sueños, fantasías y deseos, sin titubear ni una sola vez.

Te Amo.