La prostituta de la esquina solo miraba a los autos pasar.
El panadero de la calle Miraflores no hacía ni vendía pan.
El guitarrista de la 401 no se subió realmente a tocar para sobrevivir.
Ese empresario corrupto, dueño de la fortuna de cincuenta mil familias Chilenas, realmente no robaba.
Y el abogado que éste contrató, no tiene su cabeza puesta en la mentira y el dinero.
Así como tampoco el bacteriólogo se preocupaba de la bacteria,
ni el cardiólogo del corazón,
ni los fotógrafos de la fotografía.
Menos el jardinero del jardín,
para que hablar entonces del traductor, que lo último que hacía era traducir.
No sé en que mundo vivíamos,
tampoco en donde iremos a parar.
Desde hace un par de días, yo dejé de ser la literata que escribía,
la cocinera que te preparaba pie,
la psicóloga que escuchaba cada una de tus penurias,
ni la amante que en la oscuridad te hacía el amor.
