miércoles, 22 de agosto de 2012

Fragmento de Eternidad

Caminando por la calle de los recuerdos, llegué a la estación de trenes; cada treinta minutos salía uno con destino al olvido.
Compré mi ticket con veinte lágrimas, y me dirigí al banco de espera con forma de nube, que flotaba en el aire con el video de todos nuestros momentos. El viento facilitó el que mi asiento se moviera, y así comencé a volar.

Pasé por el callejón de la soledad, y di una vuelta en la plazoleta de la desgracia. Divisé a una pareja volar cerca de ahí, acercándose lentamente al cielo rosa marfil; se detuvieron para tomar sus manos, y comenzaron recorrido por el camino de la felicidad.

Deseé hacer lo mismo, pero no estabas ahí para sonreírte. Me sentí una loca, desquiciada: eras completamente una necesidad.

Las estrellas bajaron a hacer su danza, moviéndose con determinada pomposidad, elegancia, exquisitos movimientos, más tú, no abandonaste mi mente. La luz de cada una de ellas me cegó por completo, hasta aparecer nuevamente en la estación vacía solitaria de amor.
El tren llegó, comandado por tu sombra. Baje de mi nube, con ambas manos agarré mi corazón, y caminé por el cordel que me llevaría lejos de aquí; hasta ser detenida por un suspiro.
Estabas ahí, en hueso y carne, vivo junto a mí; sonreíste como la primera vez, haciendo que las atolondradas mariposas de maravillosos colores, abandonaran volando mi estómago, para jugar segundos en nuestros rostros.
Tomaste mi mano, y antes de volar juntos, tiraste al basurero del nunca jamás el ticket; se me reembolsaron las veinte lágrimas derramadas.
Volví a pasar por el callejón de la soledad, pero no me sentía de esa forma; también por la plazoleta de la desgracia, pero yo ya no lo era más. ¿Por qué? Era completamente agradecida de emprender por el camino de la felicidad; nuestro pequeño, pero perfecto fragmento de eternidad...
 Escrito por mí en el lejano 2009, cuando todavía creía en la mera idea de amar.