sábado, 4 de mayo de 2013

Drenaje

Me sirvo el café, y en medio de una conversación conmigo misma, me pregunto por qué y cómo he llegado hasta acá. Me cuesta tanto creerme el cuento. Me cuesta infinidades de lecturas aceptar que el abecedario completo ha pasado una y otra vez delante mi pupila, y el iris, y se ha quedado enredado entre mis pestañas cuando estoy cansada, y las ojeras cumplen la función de almohada para arroparlas. El proceso se convierte en un hábito esplendoroso, uno que se repite tantas veces que parecen déjà vu. Un "tú y yo nos hemos leído con anterioridad". 
Como pocas veces a lo largo de mi vida, siento el corazón lleno y expectante; el estómago dispuesto a digerir cualquier cosa, a esperar lo mejor de quienes me pueden entregar lo peor. Mi necesaria porción de arte se va colmando paso a paso, piano a piano. Me sigo enamorando de quien ha sido mi eterno compañero, el que no me suelta la mano. 
Me restriego los ojos. Tierra llamando a Daniela. El café está frío, como siempre.


 ¿por qué salir o disfrutar con tu compañero sí puedes hacer un trabajo de  Literatura Española I?
No hay dónde perderse.