De un momento a otro te transformaste en espíritu, más allá de la carne y las cenizas que con los zapatos elevabas al caminar. Tu silueta, ínfima e infinita acompañándome a diario, en mis sueños y momentos de lucidez, desde que la luz se asoma inesperadamente por mi ventana, hasta que la luz del farol de la calle comienza a parpadear, a medida la noche se acuesta sobre nosotros.Perdida en la idea de tu existencia, el anochecer de tus ojos expectantes, las lágrimas de tu último Te Amo sobre mis mejillas, mi boca entre abierta que las absorbe, las saborea salinas, las saborea sinceras. Y a medida que camino me agarras la mano, afable. Las notas de las cuerdas de tu antigua amante, esas que nos envuelven, que nos unen y nos hacen uno. "No la toquís tanto", te celo desde mi lengua, reemplazando el curvilíneo trozo de madera por otro que no lo es tanto, por mí misma, por mis caricias y sentencias amenas a tu oír.Me entrego, te entregas, sollozos de mañana, de medio día, de noche, de madrugada. Te canto, me cantas. Bailamos al compás, bailamos con el frenético ritmo de nuestros cuerpos, corcheas, infinitas corcheas. El desamparo de la ropa se hace, repentinamente, nuestra actividad favorita. Me deleito en ti, en mi, en lo que somos. En lo verdadero que nace y crece, que se enrolla como planta llena de vida, colores infinitos que afloran pos mi retina.¿Las tonalidades se escuchan? ¿Los sonidos se otean? ¿Se tocan? ¿Se esbozan sobre el oreo de la habitación? No hay luz, no hay fulgor, pero lo veo todo con claridad. Te veo a ti sobre y dentro de mí, con la sonrisa más increíble que alguna vez saboreé.Y ahí, yaciendo uno junto a otro, recordé que desde el momento en que las pinturas comenzaron a ser dedicadas... Entonces, todo fue y será fulminante.
Café Lovers, Joseph Lorussó.
