Era esa no típica conversación que se lleva a cabo con los pies en el agua, los dedos adormecidos de la fría linfa que se filtraba desde la piel hasta los huesos.Cuentan que cada vez que esos dos llegaban a la ciudad, el carnavalesco tono de Valparaíso se encendía de tal manera, que los caminantes anónimos quedaban cegados de tanto querer. Las estructuras antiguas tenían aún más ganas de derrumbarse, y el tiempo se disputaba su estadía, así que el sol aparecía de vez en cuando, cada vez que tenía la oportunidad de desplazar a las impertinentes nubes deseosas de proteger del fuerte filtro a esos dos amantes.Bueno, eso es lo que se escucha en las picadas que los han visto comer. Porque sí que se han devorado la ciudad con su apetito. Dicen que una vez, ambos bosquejaron sobre el mantel desechable la letra de esa canción que se hizo típica después de la serie sobre valorada de un canal nacional. Sueña un sueño despacito entre mis manos, con una caligrafía típica, pero de molesta ortografía. "Eso sí, yo te la dediqué antes que se hiciera mainstream, conocida, célebre, popularsh, entendida...", cuentan que se escuchó de parte del muchacho, ese joven moreno encantador que nunca aceptó que lo era. Después de la sobre mesa, se comentaba que emprendieron camino cerro arriba, comenzado la típica competencia de sinónimos que nacía desde tan dentro de ellos mismos. Como aquella vez por teléfono cuando aún eran amigos, esas eternas conversaciones que mantenían a escondidas, él de ella y ella de él, de los otros.Los veintisiete meses juntos se pulieron con golpes y caídas. Por eso se especula que brillan tanto. No por el dinero (pues no tienen ni un peso), ni tampoco por su lujosa ropa (pues ambos, más ella que él, eso sí, optan por la ropa usada, la "americana" para que suene más bonito). Eran uno siendo ellos, incluso por separado. Cantaban por la calle, bailaban de la mano, bailaban con los ojos, bailaban con el pelo y con los músicos de la esquina de cerro Alegre.
El anochecer comenzó de a poco. La tarde se deshizo en la ventana del metro tren, con la fragilidad de un segundo.
"Dormían las nubes en voz, al verlas", el decía."Y el viento besando tus ojos perfume de rancho y madera", ella decía."Decíme de donde se viene la noche", el decía."Pisando y mojando la tierra, bailando hasta que amanezca", ella decía.
Después de eso, se besaron con los ojos.
Si supiesen que nosotros lo hicimos primero en Valpolohizo.
