La palabra es la
delicia de mi lengua,
el sabor gustoso
de mis labios.
Es lo que nace y
crece en mi vientre,
lo que doy a luz
entre mis piernas.
Es lo que escupo
a diario,
ese ocaso que me
inunda,
que me ahoga,
que me da
respiración boca a boca
y que trago
alimentando el alma.
La palabra es mi
esposa y amante,
es quien me
canta al oído,
la que nunca
desafina,
la que no grita
sino susurra.
Es la que me
toca sin permiso.
La que no
pregunta si la amo.
Ella lo sabe.
Sabe cuánto la
deseo,
cuánto dejo que
ella interceda por mí,
cuánto la
necesito.