lunes, 2 de enero de 2012

Mariposas

Nunca había comprendido por qué les temía, ni tampoco su forma tan aterradora. Solía distraer mi mente, domesticar mis pensamientos, o simplemente salir corriendo, pero en lo más oscuro de mi habitación, cuando cerraba mis ojos con todas las fuerzas, aún así podía verlas dentro de mí, volar cerca de mi cabeza, rozar mis brazos…
Un día conversando con mi mamá, lo comprendí todo: en el susurro más nimio de sus cuerdas vocales, confesó que yo, su querida hija Josefina, al morir, una tropa de lunáticas mariposas me habían llevado hasta el lugar de descanso: donde las majaretas perseguían su ilusión.